lunes, 10 de marzo de 2014

La angustia, una compañera incómoda

Cuando trabajamos el cuerpo en actividades lúdicas y creativas es muy común pretender desenchufarnos buscando sentir placer de principio a fin. Es cierto que muchas veces lo logramos. Sin embargo hay ocasiones en las que nos sorprende la angustia como esa compañera fatídica y dramática que nos corta el aliento, el humor, el movimiento y la diversión.

¿Qué debemos, podemos o queremos hacer en esos momentos? ¿Tiene sentido correr? ¿Debemos dejar la actividad que tanto nos gusta? ¿Qué nos trae con su presencia?

Cuando le damos lugar al cuerpo en alguna actividad expresiva es lógico que al desplegarnos se abran espacios por los que la angustia aparezca.
Recuerdo cuando empecé a tomar clases de improvisación teatral, a lo largo de la clase atravesaba una montaña rusa de emociones, lloraba de la risa a la par que dos por tres sentía angustia frente a momentos de vacío cuando no sabía qué hacer, qué decir, cómo continuar la historia, el cuerpo se me paralizaba y las sensaciones me abrumaban, era horrible sin embargo después de eso, volvía a reír y disfrutar. No era que la angustia simplemente se iba o que se instalaba y no había nunca más un disfrute. Eran distintos movimientos que tocaban fibras íntimas de mi estructura psíquica y que este afecto señalaba como puntos sensibles que, por otra parte en muchas oportunidades, aportaban un material riquísimo a ser trabajado en mi propio análisis terapéutico.

En este sentido, considero que la angustia nos pone cara a cara con aspectos que nos pueden guiar a un crecimiento personal vital y muy importante.

Ahora bien, me resulta curioso hablar de la angustia como si fuera una sola, idéntica para todos. No es así. Como si fuera un temporal que en cada región azota de distinta forma. Mis angustias son vividas como tsunami de barro que hacen espesa la ola atorada en el pecho y amenazan con ahogarme e inmovilizarme. Pero, ¿Cómo azotan a cada uno? ¿Cuáles son las imágenes que se crean en cada uno a partir de dicha presencia?

Me gustaría partir de estas líneas para abrirme a pensar que en cualquier actividad que uno realice la angustia puede también ser un regalo, una compañera indeseable incómoda y hasta molesta pero que nos trae un crecimiento, un salto posible.


Esas imágenes que se producen en cada uno de nosotros pueden ser representadas en teatro espontáneo, trabajadas en psicodrama y hasta relatadas en una terapia convencional y en cada uno de estos espacios podremos seguir creando figuras que nos ayuden a no ahogarnos en ese temporal, imágenes que se conviertan en manos que nos rescatan, personas que nos acompañan, y hasta en nuevas producciones subjetivas que nos permitan crecer y evolucionar en nuestro camino personal.

Publicada en El Semejante/ Marzo 2014

jueves, 12 de diciembre de 2013

Pensar la dirección en Teatro Espontáneo

Dirigir teatro espontáneo. ¿De qué se trata, cuál es la tarea del director? En las anteriores notas fui poniendo en foco distintos aspectos que intervienen en este dispositivo: actor, sensaciones,  escenas, relatos, narrador, entre otros.
Me interesa encontrar algunas imágenes para pensar esa función.

Dirección, dar una dirección, un horizonte, conducir, guiar, proponer un eje de coordenadas donde van a tener lugar los otros y sus relatos. Diría que tiene que ver con conectar, ser un puente que conecta al público y sus narraciones con los actores y sus cuerpos expresivos para que tenga lugar el encuentro.  Como si fuese un tercero que organiza un diálogo no porque controla el tipo de intercambio sino porque ayuda a que se canalice a través de las instancias presentes. Un diálogo poético donde se utilizan el lenguaje de la conciencia [palabras] y el lenguaje de lo inconsciente [imágenes].

Me pregunto cuál sería la partitura en este teatro y pienso en una partitura improvisada que se va escribiendo mientras se hace y que incluye a todos los que están presentes, una escritura hecha por luces, sonidos de la música, movimientos de los actores, fluidez de los relatos, silencios, manos en alto, representaciones… todo es la partitura.

La dirección a lo largo de una función va tomando distintas formas, hay aspectos globales como al que hacía referencia en el párrafo anterior. También hay aspectos más particulares, por ejemplo cuando el director escucha al narrador y propone a los actores una estructura para realizar la versión teatral. Como si el director en ese momento de escucha del relato pudiera definir con qué caña los actores tendrán posibilidades de pescar ESO que contiene el relato y quiere ser representado… como si dijera para este relato convendría una caña corta con una carnada simple… para este otro relato convendría un medio mundo… en este caso sería conveniente pescar con mosca… a partir del relato intuir lo que busca emerger y proponer una estructura de representación para dar pie a que ESO cobre visibilidad. El tipo de caña sería la estructura.  Y digo ESO como si fuera algo obvio que cae de maduro pero a qué me refiero? A lo que no puede nombrarse, lo que fluye, algo que es invisible pero sentimos su presencia, que no tiene una sola forma pero que se expresa a través de… el cuerpo y sus formas… de las emociones… de las palabras.


Eso que le da sentido a nuestra función y cuando se hace presente nos conmueve en la fibra más honda de nuestra humanidad.

Publicada en El Semejante / Diciembre 2013

miércoles, 6 de noviembre de 2013

2º Encuentro Nacional de Teatro Espontáneo - Buenos Aires 2014

Convocatoria a ser parte de la Organización

Estimados compañeros teatreros espontáneos de Buenos Aires y alrededores:

Con alegría y entusiasmo queremos contarles que Buenos Aires será la sede del 2º Encuentro Nacional de Teatro Espontáneo de Argentina a realizarse en la fecha probable de octubre 2014. 

La propuesta de que se realice en Buenos Aires surgió en octubre pasado durante el Foro Latinoamericano en Paraguay. Los compañeros que participaron de la organización del 1º Encuentro en Agua de Oro –Córdoba- nos pasaron la "posta" a los participantes presentes de Buenos Aires. 

Les escribimos para convocarlos a formar parte de la comisión organizadora. La convocatoria es abierta dado que se busca horizontalidad en la organización. Los invitamos a sumarse y participar de las distintas gestiones que se necesitan para llevar a cabo un Encuentro Nacional.

La idea es tener una primera reunión en La Casona de Humahuaca a finales de noviembre, principios de diciembre. Para ver quiénes somos, los compromisos que cada uno puede asumir y cómo nos vamos a organizar (para organizar!). 

Los que deseen sumarse pueden escribirnos a:
·         Elisa Davolio: elidavolio@hotmail.com celu 1556071180
·         Verónica Bracamonte: verobrac@gmail.com  celu 1562650722

Saludos!!!


Elisa Davolio y Verónica Bracamonte    

Teatro Espontáneo: Pueblo de Encuentros


Pensaba escribir sobre el encuentro como esos instantes de contacto ya sea con nosotros mismos, con el otro y también con eso del mundo que nos interesa. También lo pienso como un hallazgo, como algo que se produce en esa relación con eso otro y que produce sorpresa. ¿Nos damos cuenta cuando estamos en ese momento de encuentro?, ¿somos conscientes cuando eso sucede?

Curiosamente teniendo este tema en mente llega a mis ojos con un brillo especial una foto del foro nacional de teatro espontáneo octubre 2012 en la que había escrita una oración sobre un afiche gigante, que decía “Un pueblo de encuentros que visten historias”. Nada más atinado para esta nota. El teatro espontáneo (TE), un pueblo de encuentros, sencillamente hermoso. Es algo muy impresionante que surja naturalmente entre diferentes teatristas definir al teatro espontáneo como un lugar, una especie de país o territorio.

El teatro tradicional propone un espacio dramático, ya tenemos una dimensión espacial. Por su parte, el TE plantea en ese espacio dramático en principio un espacio vacío que será habitado por las historias del público. Aquí ya tenemos un juego con la palabra espacio que me resulta interesante. Por un lado la dimensión espacial propiamente dicha y por otro, el hecho de que para que algo acontezca debe haber espacio, sería una dimensión estructural. Cuando llevamos nuestro teatro a cualquier comunidad o institución decimos que en cualquier lugar se puede armar nuestro dispositivo, se puede armar que se podría traducir como hacer lugar a.

El trabajar en TE nos va entrenando en una herramienta que se ocupa de crear espacios vacíos. ¿Para qué? Para propiciar encuentros. Para encontrarnos nosotros, para entrar en contacto con el otro, para descubrir una nueva mirada de lo mundano, para escuchar relatos.
Hacer lugar, se me ocurre que es ese mismo hacer el que va creando (produciendo) en nosotros -los hacedores- cierta identidad común en la que nos sentimos habitantes, anfitriones, vecinos, aventureros.
Porque no se trata de un pueblo con fronteras geográficas sino que es un pueblo de encuentros, una tierra de encuentros, de reconocimientos, de contacto.

La segunda parte de la frase “que visten historias” es igualmente acertada como bella.  Que visten relatos, el vestido como ese modo indirecto de hablar del teatro y su representación. Le ponen el cuerpo -cargado de poética- a nuestra cotidianeidad. Y siempre en plural porque si hay algo multiplicador en este pueblo es que nunca se trata de una historia, siempre son historias, con s (ese), relatos, vivencias, emociones.

En marzo publicaba una nota que hacía referencia a ese mismo foro y hablaba de un taller en el que se trabajó el poder historizar el movimiento del teatro espontáneo en argentina, historizar el movimiento y también a nosotros mismos, en qué momento de esa historia habíamos conocido este pueblo.
Hace casi un mes estuve en Paraguay participando del V Foro Latinoamericano de Teatro Espontáneo. Fue un Foro hermoso, sentido, íntimo. Y en unos de esos instantes mágicos que se dan de forma inesperada nació la idea de llevar a cabo el 2° Foro Nacional de TE en el 2014 en Buenos Aires. Con Elisa Davolio (colega e integrante de la Compañía Cosmos) nos miramos -¿Hay equipo?- nos preguntamos buscando cada una en la otra la complicidad necesaria para decirle que sí a ese impulso en forma de propuesta.
En estos días ya es una idea que empieza a dar sus primeros pasos y con Elisa vamos armando la convocatoria para aquellas personas que se quieran sumar a la comisión organizadora.

Algo que todo el tiempo me vino a la mente desde ese entonces hasta hoy es “a veces hay que poner la casa para que el encuentro se produzca y para que la comunidad se siga multiplicando”… a veces hay que poner la casa… a veces somos invitados y a veces anfitriones de un colectivo itinerante que está en pleno crecimiento. Con mucha alegría y una sensación de vértigo total afirmamos que en el 2014 todos serán bienvenidos a nuestra casa, las puertas estarán abiertas de par en par, el corazón inquieto de emoción y el pueblo de las historias tendrá un espacio donde acampar.



Nota Publicada para “El Semejante” / noviembre de 2013

martes, 8 de octubre de 2013

¿Qué pasa cuando abrimos una sensación y la sacamos al mundo?

Muchas veces abrimos lo que nos pasa con el objetivo de compartirlo pero sin pensar que en ese momento lo que sentimos se puede ver transformado, reparado o iluminado. Cuando el relato -de una sensación o de una historia- lo tenemos en la mente y/o en el cuerpo tiene un aspecto y cuando la sacamos para afuera, muchas veces se modifica, toma otras formas, otro vuelo. Como cuando tenemos en la mente ese vestido que era tan divino y que nos quedaba tan bien y de repente lo buscamos en el ropero -porque hace rato que no lo usamos- y nos encontramos con un vestido completamente distinto al que recordábamos, más chico, quizá más gastado y también puede pasar que nos quede mucho mejor ahora que antes. Lo cierto es que nos damos cuenta de esas diferencias porque lo fuimos a buscar y pudimos contrastar esa imagen mental que teníamos con la realidad de la ropa.
Es un ejemplo trivial y sin embargo, con el teatro espontáneo sucede algo parecido, ponemos en palabras nuestras sensaciones, luego las vemos representadas y ¡Zas! Caen velos, algo se descubre y se ve transformado eso que sentíamos.
Hace poco pedí ver una sensación “desde que nació Eva [mi hija] me pasa que por la noche hay mucho más movimiento y suceden muchas más cosas que las que pasaban antes, jamás me despertaba en toda la noche. Ahora me levanto varias veces, voy a la cama de ella, ella se pasa a la mía, voy al baño, paso por la cocina, etc”
En este caso durante el relato y su versión teatral, algo pulsó en mi interior y se empezó a abrir. Me vino la idea que la noche podía ser lo inconsciente, eso que está oscurecido para la conciencia y que a partir de un acontecimiento [como la maternidad] se mueve y resignifica el mundo. No lo pienso con ánimo de interpretación psicoanalítica sino como vía de acceso a nosotros mismos. Darme cuenta que ahora hay más espacios mentales y de la realidad en los que participo. Cuando levanté la mano para compartir mi sensación solamente pensé en lo que siempre escuchaba decir respecto de cómo te cambia el sueño (y la vida) tener un hijo y sin anticiparlo me encontré a su vez con el reconocimiento de nuevos territorios que hoy conforman mi realidad.  

Sacar una sensación al mundo como parte de un relatarse a uno mismo su propia historia actualizándola. Sacarla al mundo, como tomar contacto con el universo humano y con el mundo de los otros. Mostrarnos al mundo, en el mundo, a través del mundo y su complejidad.

Publicado en "El semejante" / octubre 2013

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Reflejos con vida propia

Cuántas veces tenemos creencias que se van modificando a lo largo del tiempo. ¿Qué fue lo que cambió? Me animo a responder que la mayoría de las veces nuestra perspectiva cambió y eso hizo que el mundo, nuestro mundo, cambiara y fuera más grande, más vasto, más amplio, más profundo, y también… todo eso junto.
Pedir ver una sensación en teatro espontáneo es pedir vernos a nosotros mismos, creándose en la magia teatral la oportunidad para descubrir algo que somos o que desconocemos y también para ampliar nuestro mundo. Hay muchas maneras de mirarse, está quien se mira para aprender, descubrir, conocer y está quién gusta de mirarse, que busca confirmar lo que ya sabe, o hace gala de su belleza. Distintas posibilidades que van delineando nuestro modo de ser.
Lo curioso de este espejo poético es que tiene vida propia. Uno pide ver una sensación y si bien el propósito se logra cuando la persona ve algo de sí en la representación… no obstante… la representación es construida por personas como uno, con sus vidas, sus improntas, sus bagajes, sus modos de escucha y que sin cocción previa producen una recreación improvisada de la sensación relatada por el narrador.
La propuesta es más que interesante y misteriosa, lanzar un relato al espejo y esperar vernos ahí a través de otros. Soy testigo de la potencia que logra en infinitas oportunidades. Es impactante y conmovedor encontrarse en ese reflejo teatral y recuperar experiencias vividas. Se logra una nueva vivencia con perfume histórico. Ojalá siempre fuera así… pero… también es cierto que no siempre refleja lo que esperamos ver, no siempre hace lo que imaginamos, contamos algo y la imagen que se produce ilumina aspectos que para nosotros fueron secundarios, o pensamos que la escena comenzará y se desarrollará de tal o cual manera y sin embargo los actores arman un nuevo relato estético. En este sentido es una sorpresa revivir ese momento y advertir nuevos focos de luz.
Otras veces, puede suceder que el espejo produzca una imagen que no se parece en nada a nosotros, y me tiento por agregar que no se parece en nada a la idea que tenemos de nosotros. No descarto que el grupo de actores distorsione el relato por motivos particulares como ser esas veces que a uno o varios actores les toca tan de cerca el relato del narrador que actúan su propia versión de lo contado.

Un abanico de posibilidades hecho de un arte escénico que multiplica miradas, relatos, sentidos. Que escribe con una mano múltiple y colectiva.  Que produce reflejos con vida que invita a mirarnos.  

Publicado en "El semejante" / Septiembre 2013

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿En qué escenas estamos parados?

En un taller de teatro espontáneo Juan cuenta que estaba volviendo en tren de provincia a capital, volvía a su casa. Por el horario sabía que era posible que se cruzase con la barra brava de river y eso lo ponía muy nervioso, le daba terror. Si bien no se cruzó con la misma pidió ver ese momento, en el que se hubiera cruzado y ver su reacción a través del actor protagonista.
Desde la dirección propongo que el actor que hace de Juan se ubique en el centro del espacio dramático y que desde cuatro puntos –en los bordes de la escena- se ubiquen cuatro representantes de esa barra brava, uno en cada punto armando un cuadrado. Entonces la barra brava va acercándose a Juan, paso a paso. En el centro Juan que empieza a sentirse inquieto, con miedo. La escena sigue avanzando hasta que los cuatro personajes quedan rodeando al actor que hace de Juan que se encuentra en cuclillas, con los ojos cerrados sin posibilidad de escape o pelea. Final de la escena.
Vuelve la mirada hacia Juan que miró la escena con interés y ahora está con una sonrisa. No es la escena que se imaginó, comenta. Parece haber un dejo de frustración en el ambiente. El actor que hizo de él cuenta que la escena le generó la necesidad de no hacer un escape heroico ni de enfrentamiento sino por el contrario hacerse chiquito y quedarse quieto en el lugar.

En este caso, cuando el actor comparte su percepción nos da la clave de la escena de Juan. Él pidió verse con miedo. Mirar con los ojos abiertos una escena en la que se encuentra con los ojos cerrados.

En teatro espontáneo la propuesta es representar teatralmente lo narrado o mejor aún lo que está dicho entre líneas. Cuando el narrador finaliza su relato y se dispone a mirar la escena hay un instante de silencio, de víspera, de expectativa muda que vacila… ¿Qué harán los actores? ¿Cómo representarán esta historia?

No siempre tenemos claro lo que pedimos ver, ni somos conscientes de cómo vivimos o quiénes somos y mucho menos sabemos con qué nos vamos a encontrar cuando veamos nuestra escena. Este dispositivo oficia a modo de espejo que busca producir a través de la metáfora y la poética las escenas que nos capturan, que nos expanden, que nos frustran y que nos dan vida. Para mirarnos. Para dar visibilidad a lo que nos inquieta. Y también para producir escenas que soporten nuestra realidad, que nos ofrezcan puntos de referencia a los que podamos acudir cuando sintamos la necesidad.

Publicado en "El semejante" / agosto 2013